6 de julio de 2016

Acerca de mí

Algunas personas me preguntan por mis experiencias vitales, por lo que voy a resumir aquí las cinco etapas fundamentales de mi vida.

1- Etapa convencional.

Nací en Barcelona el 21 de noviembre de 1965. De padre alemán y madre catalana, tengo dos hermanos menores. Durante quince años vivimos en el Jardín Botánico "Marimurtra", situado en Blanes, del que mi padre fue director. Desde mi infancia y durante treinta años fui un apasionado naturalista. Mi conexión con la naturaleza fue completa y precoz. Fui considerado un chico prodigio en el instituto, en las asignaturas de Biología, Arte y Filosofía.

A los 18 años me convertí en culturista, y a los 23 en acróbata. Ofrecí espectáculos de acrobacia primero en la calle, y después en teatros, discotecas y en un pequeño circo. Ingresé a los 17 en la Facultad de Biología, pero sólo hice dos cursos. Pronto comencé a trabajar como Instructor de Fitness en los gimnasios más importantes de Barcelona. Abrí una tienda de Dietética.

2- Etapa Nueva Era.

Justo en el cénit de mi etapa convencional algo se derrumbó dentro de mí. Descubrí que las pesas y la naturaleza no me daban aquello que en el fondo buscaba: la felicidad última. A los 29 años me transformé en un adepto de las doctrinas acuarianas más radicales. Me alimenté de frutas crudas por dos años. Me levantaba a las cuatro de la madrugada para meditar. Hice un curso de Naturopatía. Hasta que comprobé que todo eso tampoco calmaba mi angustia.

3- Etapa existencialista.

Alrededor de los 35 años comprendí que las demandas de la mente y de sus emociones son tan legítimas como las demandas del cuerpo. Los fanáticos New Age elevan el cuerpo y sus demandas biológicas a la categoría de espirituales, cuando lo que les ocurre en realidad es que no saben o no pueden afrontar primero (ni por tanto trascender después) unas emociones que son para ellos demasiado complejas y dolorosas.

Mi toma de conciencia de que nada - ya fuera convencional (mental) o bien Nueva Era (biológico)- podría darme felicidad alguna fue tan extrema que fui expulsado literalmente del mundo. Me convertí en un vagabundo: medraba descalzo por los parques de Barcelona, y vestía ropas encontradas en la basura. Fui durante varios años un tipo insoportable que se reía de las costumbres sociales.

Experimenté viajes astrales y tuve poderosos vislumbres espirituales, y las compuertas de mi subconsciente se abrieron y emergieron los traumas de la infancia, todo ello de forma espontánea. Nunca tomé drogas. Tampoco volví a meditar.

Comencé a trabajar como limpiador de casas y estuve en ello cerca de veinte años. Sólo un sencillo trabajo físico me permitía afrontar libremente las experiencias místicas.

4- Etapa sutil.

A los 40 años salí del existencialismo. Entré de lleno en los reinos sutiles. Tuve experiencias transpersonales intensas. Accedí al éxtasis del Testigo. Gocé de fenómenos de identificación, premonición y epifanías devocionales. Los libros de Ken Wilber me ayudaron a saber dónde me encontraba exactamente, y cual había sido mi recorrido vital hasta entonces.

Unos años más tarde comprobé que los llamados maestros espirituales sólo alcanzan altas cotas con su mente, pero no con su corazón. Escribí cuatro libros y fundé varios espacios web, entre ellos elblogintegral.com, que se convirtió en unos de los espacios sobre espiritualidad integral más visitados en el mundo de habla hispana.

Comprendo que el mismo proceso que a los 29 años devastó mis creencias convencionales sobre lo exterior (el mundo es trascendido), es el mismo proceso que actúa ahora en lo interior, sobre los sentimientos, las emociones, dejándome literalmente fuera de mí mismo. La persona comienza a ser trascendida.

Este extraordinario Proceso, que hoy escribo con mayúscula, actúa de forma cíclica, alternando periodos de actividad hacia vislumbres trascendentes con periodos de pasividad en los que se ha de agotar el karma, el rutinario devenir de la vida diaria. Hoy sé que es tan importante dejarse atravesar por los a veces impresionantes fenómenos paranormales, como permitir que pasen años enteros de inactividad espiritual.


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Hay tres clases de atracción. En un extremo tenemos la química del cuerpo, es algo hormonal que se rige por el instinto. En el otro extremo tenemos la Conciencia: la resonancia entre dos personas muy conscientes puede crear una atracción sutil. Y en medio de esos dos extremos tenemos a la mente con sus ideas, sus emociones y sus creencias.

El cuerpo y la Conciencia no dan problemas en una relación. De hecho, no pueden establecer relación alguna en el sentido que nuestra mente entiende este concepto. El cuerpo y la Conciencia no persiguen nada, sólo van respondiendo, segundo a segundo, a lo que ocurre en el ahora, en el presente. No proyectan fantasmas del pasado, ni planean futuros sueños de felicidad matrimonial. Pero lo que existe en medio del cuerpo y la Conciencia, eso es lo que origina el conflicto. La mente, con sus heridas del pasado, y sus anhelos proyectados en el futuro.

La pareja no se resuelve, el que se "resuelve" (trascendiendo a otro plano) eres tú. Y así pasa con todo. Por eso puedo afirmar que el amor no existe, que la felicidad no existe, y es darse cuenta cabal de esto lo único que te permite Amar y ser Feliz. El problema de estos términos con mayúscula es que resuenan demasiado al amor y la felicidad convencionales, así sería mejor hablar de Libertad, Conciencia, o Paz Interior. Pero lo mejor es no decir nada en absoluto. Vives, y eso es todo.

Cuando eres atravesado por esa clase de energía, el sexo es un suceso colateral. Lo fundamental, lo que ocupa tu ser, es la unión de los cuerpos sutiles, para los que el cuerpo físico es un instrumento secundario. De hecho, podría no haber contacto físico en absoluto. La penetración de la conciencia masculina en la femenina es la forma más sublime de hacer el amor y esto a veces se da en el curso de una meditación conjunta, en un roce de labios o en una simple mirada. Esto es imposible de explicar para alguien todavía atado a las emociones, al anhelo de felicidad futura.

En realidad, estoy casado con la Conciencia. Cualquier otra clase de unión es un suceso secundario. No significa que no sea importante, de hecho un encuentro vivido desde la Libertad del Amor es extraordinariamente importante, el Universo entero se inclina ante una pareja que se Ama de esta forma. Pero a la vez, los egos de las personas implicadas en esa clase de unión no son lo más importante. Por eso digo que la unión de egos, de emociones, de ideas, de cuerpos... es algo completamente secundario y supeditado a la verdadera y profunda unión de las almas.

Esta clase de forma de amar, que yo llamo La Libertad del Amor es la capacidad de ver a Dios en tu pareja, sea esta una pareja ocasional o tu esposa desde hace veinte años. Hay que distinguir claramente entre esa capacidad y el karma, o tu destino, porque ninguna clase de karma es un aliciente ni tampoco un obstáculo para ver a Dios. A lo largo de los siglos, las experiencias místicas han ocurrido en el marco de las situaciones terrenales más variopintas que puedas imaginar.

la Libertad de Amor no es amor libre. El amor libre es un escape de la soledad interna, la Libertad del Amor es ir al encuentro de esa Soledad. El amor libre es huir del compromiso emocional, la Libertad del Amor es un compromiso total y absoluto con la Conciencia. El amor libre conduce tarde o temprano al hastío y la depresión, la Libertad del Amor conduce siempre a más Libertad y más Amor. El amor libre es normal si eres joven e inexperto, es el primer paso (o bien un paso atrás cuando no puedes afrontar tus heridas personales), la Libertad del Amor es el último paso.

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21 de mayo de 2016

Lisa Cairns y el perro de su ego

Recuerdo la primera vez que vi a Lisa Cairns en Internet. Fue un impacto porque me pareció tan hermosa como espontánea.

Hablo de esa espontaneidad "del punto cero" que presentan algunos maestros advaita, y que puede llegar a asombrar.

Pero si uno observa con más detenimiento a los maestros espirituales, comprueba aspectos que están bastante alejados de Eso.

Hoy voy a hablar del perro de Lisa Cairns. Al final de esta "charla", tenéis las imágenes:
https://www.youtube.com/watch?v=P4CrS3rKT4I

Primera impresión: ¿no os parece que Lisa está encantada de conocerse? ¿Para qué se filma a sí misma? No sé, quizás me equivoco, pero da la impresión de que Lisa disfruta mostrando su iluminación. Es como si creyera que al mostrar su aspecto tan "espontáneo" nos hace un favor al resto de mortales. ¿No os da esa sensación? Oh, y al final del vídeo tenemos la escenita del perro.

A ver, Lisa, deja al perro en paz. No quiere subirse a tu falda, punto. ¿Por qué insistes? Y luego quieres que el chucho mire al frente, y casi se te cae la cámara. ¿Porqué compartes eso? ¿En serio piensas que eso va a iluminar las vidas de tus seguidores?

Y vamos a ver, a lo que iba, ¿tú, una iluminada, queriendo?

Por ejemplo, Lisa, dices que eres vegana. Veamos: tú tienes ganas de carne y pasteles. O cuando menos de leche, o mantequilla, o queso... No me importa que hayas encerrado eso en algún sótano de tu subconsciente. El hecho es que lo reprimes y comes sólo productos de origen vegetal. Eso son cosas que seguramente aprendiste cuando estabas en la New Age. Eras del tipo "amo a los animales".

¡Y todo esto (incluido lo del perro) me parece genial!

Siento haberos tendido esta pequeña trampa, lectores. Este artículo no ha sido escrito para juzgar a Lisa, sino para hacer notar nuestra tendencia a convertir a los iluminados en dioses.

A mí me encanta esta hermosa, inteligente e iluminada mujer. Ya me gustaría a mí llegarle a la suela de sus zapatillas. Que coloque su perrito donde quiera, y que coma lo que le dé la gana.

Lisa tiene esos vislumbres, esa capacidad de percibir el Todo allí donde nosotros sólo vemos cositas muy prosaicas.

Pero Lisa es también un ser humano que quiere que su perro haga lo que en ese momento no le apetece hacer, y que igualmente se orienta hacia una forma definida de comer.

Lisa no se ha liberado DE su ego, se ha liberado EN su ego.

Esta es la confusión más grande de muchos adeptos y seguidores de maestros espirituales. Esta confusión es la que les hace saltar de ira ante cualquier opinión acerca de la humanidad de su dios particular.

Pero yo creo que es indispensable seguir señalando esos rasgos tan humanamente prosaicos de los maestros.

Nisargadatta no pudo liberarse del tabaco. ¿Cómo un maestro espiritual que afirmaba estar Liberado, pudo destruir sus pulmones? ¿Dónde queda el amor universal si no puedes amar y respetar a tu propio cuerpo?

Buda fue célibe. ¿Cómo pudo mutilar su sexualidad durante cuarenta años, mientras predicaba la compasión hacia todos los seres?

Osho proclamó las más hermosas sentencias sobre el amor, incluida la que afirma que sólo quien acepta su soledad podrá tener una relación sana. ¿Por qué no pudo él aceptar la soledad que produce abandonar las drogas o el abuso sexual?

La respuesta a estas preguntas incómodas es simple: ¡son preguntas incorrectas!

Un maestro espiritual es un maestro en lo espiritual, punto. En el resto de áreas de la vida, es muy probable que tenga alguna disfunción emocional que os asustaría.

Por alguna razón, parece que algunas personas que han nacido con altas capacidades cognitivas y de contemplación, presentan patalogías emocionales a veces muy graves.

Así que sólo sentaos frente a los maestros espirituales y sentid esa energía sutil que desprenden.

Para todo lo demás, ¡buscad en otra parte!

Practica metta conmigo

A ver: dices que eres un buen budista, y que practicas metta con esos tipos desagradables con los que te encuentras por ahí. Comienzas con maldades y negatividades digamos suaves, para ir aumentando la dosis y terminar con los Stalin y los Hitler... ¡Bravo!

Pero, ¿sabes una cosa? Me he encontrado con avanzados practicantes de la bondad por prescripción que son capaces de enviar ondas de amor universal a un dictador asesino en serie, pero que saltan de ira ante un artículo mío, por ejemplo.

Mira, si no puedes amar a un tipo que opina en su blog, ¿cómo vas a sentir amor hacia criminales que segaron la vida de millones de personas?

Así que esta va a ser tu práctica espiritual: empieza conmigo. Siéntate en loto e imagina esas ondas de amor rebotando sobre mi cráneo alopécico. Cuando seas capaz de amarme me avisas que voy y te doy un beso. Y luego vas a por Hitler.

El amor real es incómodo, y no puede practicarse en una situación de irreal comodidad. Pretender salir de esa incomodidad con trucos sólo te aleja de lo que eres.

Rüdiger Dahlke y el pensamiento mágico

Aunque siempre satisface encontrar un autor con un nombre más complicado que el mío, hoy lo que diré sobre este señor no va a gustar a sus seguidores.

Dahlke cosechó un  gran éxito con sus libros La enfermedad como camino y El mensaje curativo del alma, en los que nos transmitió la idea de que aquello que nuestras almas no asumen termina surgiendo como síntoma en nuestros cuerpos.

Yo fui uno de los millones de lectores que se deleitaron con la sabiduría de Dahlke. Y conste que sigo pensando lo mismo: este hombre sabe mucho de medicina y de simbología. Sin embargo, en mi opinión muchos de sus ejemplos parecen sacados de un cuento de hadas.

Vayamos a la página 128 de El mensaje curativo del alma. Allí, Dahlke habla de la sordera como consecuencia de no escuchar el propio interior.

¿En serio? Las personas que no atienden a su interior, y están orientadas hacia lo exterior, ¿van a acabar todas ellas sordas como una tapia? Inversamente, ¿las personas que son sensibles a los mensajes de su alma envejecerán con el oído en plena forma?

¿Dónde están las pruebas científicas -¡o siquiera empíricas!- que fundamenten semejantes aseveraciones? Yo conozco varias personas de edad avanzada, y su mayor o menor sordera no tiene ninguna relación con su capacidad de escuchar su voz interior.

Hay personas sensibles a su interior que se quedan sordas. Lo curioso es que el propio Dahlke menciona en esa misma página 128 que Beethoven se quedó sordo completamente, pese a haber escuchado siempre su voz interna. ¿En qué quedamos, entonces?

Esto es pensamiento mágico puro y duro. Todo el libro está basado en esa clase de asociaciones mágicas, usando el por otra parte indudable bagaje intelectual de Dahlke.

¿De verdad cada vez que tengo una faringitis es porque no he "tragado" (en otras palabras: asumido conscientemente) alguna emoción los días o semanas previos? ¿Y la de veces que no he asumido una emoción y simplemente NO he pillado ninguna faringitis?

En Estados Unidos hay clínicas oncológicas en las que lo primero que te preguntan cuando entras es: "¿Cuándo decidió usted crearse su cáncer?" ¡Como si no fuera suficiente ya la angustia de la enfermedad!

Es obvio que las emociones, influyen grandemente en el organismo. Pero antes de considerarlas como la causa de todos nuestros males, quizás deberíamos ampliar nuestra perspectiva: alimentos que no son propios de la especie humana, prácticas culinarias tóxicas, contaminación ambiental, medicamentos y drogas ilegales, drogas legales como el alcohol, el café y un largo etcétera, radiaciones cósmicas naturales, ondas electromagnéticas de todo tipo (wifi, radio, televisión, las que emiten los electrodomésticos, y un sinfín de cacharros electrónicos), pesticidas, tóxicos en pinturas, muebles, tejidos de la ropa, detergentes, agua de grifo, aguas embotelladas, residuos de los plásticos que actúan como disruptores hormonales... ¿o todo eso ya no cuenta?

Lo cierto es que para cada una de estas causas puedes encontrar a un autor lo suficientemente parcial que intenta convencerte de que los males de este mundo y el próximo fin de la raza humana se debe exclusivamente a su tóxico favorito.

Y ya sabemos que en la Nueva Era el tóxico favorito es ¡el ego! Ah, esas perversas inclinaciones inconscientes, que te abocan al cáncer... Y como el ego eres tú, ¡encima te dicen que el cáncer te lo creas tú! ¡Prodigioso razonamiento!

Hay que leer a Dahlke con la debida distancia y con el imprescindible buen humor: si te lo tomas muy en serio, estás creando una nueva obsesión egoica que sin duda dañará tu cuerpo todavía más.




La niña que entrena duro... ¿está perdiendo su infancia?












Fuente de la noticia. http://www.lavanguardia.com/gente/20160404/40857142481/la-soldado-milla-deja-ko-a-su-infancia.html

En mi opinión, esta niña es superdotada o precoz, pero en el terreno físico. Hay muchos más casos, en prácticamente todas las disciplinas: gimnasia, atletismo, culturismo, hípica, qué sé yo...

Nunca sabremos a qué se debe la superdotación, si a una especie de impulso irrefenable que parece tener el niño, sin que dependa de su entorno (algunos casos de genios con padres analfabetos son notables), o bien a una sutil (o declarada) presión por parte de los padres sobre niños predispuestos genéticamente. O a una combianación de estos dos factores más otros que desconocemos.

Pocos parecen poner reparos cuando aparece un niño que entra a la universidad con 12 años. Pero claro, al padre de esta niña, que además hace algo típicamente masculino, le llueven las críticas...

Si es cierto lo que el padre afirma, que no la presiona, que la hubiera motivado igualmente si su hija se hubiera decantado por las barbies, entonces no veo dónde está el problema.

Más padres y madres, y más niños y niñas deberían seguir este ejemplo. Sacar a los niños y a los adolescentes del marasmo de las pantallas sólo puede ser algo bueno.

19 de mayo de 2016

Un ejercicio de política personal

Sin duda alguna, Pablo Iglesias ha protagonizado una revolución en la política impensable hace tan poco como un par de años. Muchas cosas que ahora los viejos dinosaurios hacen es debido a la arrolladora sucesión de acciones bien pensadas -y bien argumentadas- de este profesor universitario.

Esto es sin duda algo bueno, y a muchos nos dio por creer incluso en la llegada del mesías político, un cambio profundo de paradigma a muchos niveles. Sin embargo y pasada la euforia inicial, comprobamos que las cosas se gestan despacio, se paren deprisa y se desarrollan luego, de nuevo, despacio.

La gestación fueron las décadas de abuso de poder, de corrupción, de amiguismo, de especulación irresponsable. Los dolores de parto fueron la crisis económica, los deshaucios, la pobreza, el aumento de la desigualdad. El parto, el 15-M y Podemos.

Ahora tenemos una nueva forma de hacer política, un bebé que crecerá lentamente, expuesta a unas condiciones externas muy poco favorables: la influencia de los diplodocus políticos, de los fantasmas de la vieja escuela.

Pero, un momento: ¿seguro que es así de simple?

Os propongo un sencillo ejercicio de política del alma, sólo para comprobar que las cosas podrían ser mucho más complejas.

Cuando Mariano Rajoy salga por la tele, imaginemos que se trata de Pablo Iglesias. Y viceversa, cuando sea Pablo el que hable, imaginemos que se trata de Mariano.

De forma inmediata las palabras de Rajoy ya no nos parecerán tan "de la vieja casta", y a Pablo no lo veremos tan "el salvador del país".

A un niño que comienza a caminar se le perdona todo, y eso es lo que pasa con Podemos. A un adulto que además pretende gobernar un país no se le perdona nada, y eso pasa con la vieja casta.  ¿Deberíamos hacer un esfuerzo para no proyectar nuestros anhelos arco iris en el niño, ni nuestra frustración en el adulto?

Porque para eso usamos muchas veces los acontecimientos políticos: para proyectar nuestro deseo de redención, y también para proyectar propia basura interna. Por eso los debates sobre política son tan acalorados, no hay más que entrar en cualquier foro de comentarios...

Si nos abandonamos a esa vieja tendencia humana de proyectar (demonizar a unos y sacralizar a otros), corremos el riesgo de menospreciar las cosas buenas que nos ha dado la vieja escuela, y de sobrevalorar a unas personas que -bueno es recordarlo- todavía no han gobernado nada.

¿Tu hijo es malo? Entonces tú eres mala madre (o padre)

Esto va dirigido a esas mamás y a esos papás que se quejan de lo malos que son sus hijos, particularmente cuando llegan a la adolescencia.

Al igual que en mi artículo ¿Fumas, bebes y te drogas?, yo acabaría rápido con este asunto: ¿tu hijo se porta mal de forma continua? Entonces tú eres un mal progenitor, punto.

Pondré ejemplos concretos y reales. Conozco una madre separada que nunca se ha tirado al suelo a jugar con su hija. Tampoco se ha sentado con ella para ayudarla en las tareas escolares. Como pasa el día trabajando y luego en bares con sus conquistas, la niña pasa las tardes (y los fines de semana) sola frente al televisor. Así año tras año, hasta que llega la adolescencia.

Cuando la niña se convierte en mujer, comienza a enfrentarse de una forma muy dura contra su madre. Y entonces la madre se queja: "mi niña no ME estudia", "mi niña ME está siempre con el móvil", "mi niña se ME rebela". (Conocéis bien ese ME, ¿verdad? Lo que dice este pronombre personal es: la niña no es un ser con necesidades y personalidad propias, sino una extensión de mi persona). Y termina su queja diciendo: "No lo entiendo, yo la quiero, y siempre ha tenido de todo".

Oh, el amor de madre (y el de padre). Menuda patraña, que se usa como excusa para no tener que hacer el esfuerzo de comprender las verdaderas necesidades de un niño en sus distintas etapas de desarrollo. 

Esta señora pasó quince años llenando de basura multimedia el cerebro de su hija, y dejando un vacío afectivo en su corazón que ningún psicólogo podrá remediar jamás. Esta señora se pensaba que criar un hijo es como tener un hámster: le das la rueda giratoria, agua y comida ¡y hala, yo a mis cosas de mujer súper-guay!

Otro caso: un padre y una madre completamente volcados en sus carreras profesionales. Vale, como hay que tenerlo todo, también tuvieron tres niños. Nunca entenderé esto: la actividad que debería requerir más vocación, responsabilidad y sabiduría de este mundo, que es la de criar un hijo, es considerada por muchas personas como un simple añadido al currículum.

Los padres de los que hablo no querían tener hijos. Pero ya sabéis: la presión de los amigos, que ya tenían todos su bebito, y ese concepto que nadie sabe lo que significa: "es lo que toca". Y tuvieron no uno, sino tres. (También he aprendido que hasta en el número de hijos hay competitividad: yo soy más mujer y más madre que tú porque tengo tres criaturas y tú sólo dos...)

Los tres nenes crecieron rodeados de una impresionante colección de objetos, muebles, juguetes y alimentos carísimos. Es lo que tiene tener unos papás que trabajan de sol a sol.

Los tres nenes comenzaron a llamar "mamá" a la asistenta que los cuidaba, ya que pasaban más horas con ella que con su madre real. 

Llegó la adolescencia y los nenes se transformaron, mira tú, en tres monstruos. Los padres, aterrados, los enviaron a un psicólogo. El psicólogo les dijo que los que necesitaban terapia eran ellos. Los padres, muy indignados, se fueron a otro psicólogo, que recetó unas pastillas a los chicos.

Podría continuar con docenas de casos reales -los conozco de los colegios de mis hijas, y de las miles de personas con las que traté cuando era instructor de fitness. Ya no asiento a sus lamentos. Estoy harto de escuchar cómo culpan una y otra vez a sus propios hijos de lo que en realidad es el lógico resultado de una crianza malograda. 

Padres y madres de niños "trasto" (sí, los llaman así...): si vuestros retoños sacan basura es porque ha sido basura lo que habéis volcado sobre ellos durante los años más importantes de sus vidas.

Sólo puedo añadir esto: ¿Tu hijo se porta mal? Entonces has sido un mal padre (o mala madre) durante toda su crianza. Deja de lamentarte y de excusas: no es la tele, ni son los amiguitos, ni es el cole. Mucho menos es tu hijo. Eres tú, que estás fallando como padre/madre. Aun estás a tiempo: derrúmbate y llora, abraza a tu hijo y permanece física y afectivamente cercano a él durante el resto de vuestras vidas.

¿Fumas, bebes y te drogas?

Las cosas claras: dos terceras partes de la población humana puede reírse, divertirse, pasarlo bien, o cualquier otro sinónimo que se te ocurra, sin necesidad alguna de fumar, beber alcohol o tomar drogas.

El problema no es que haya unos cuantos tipos que necesiten doparse para arrancarse unas risotadas. Que cada cual haga lo que pueda con su vida, oye. Está demostrado que en términos generales, los que dependen de una sustancia para pasarlo bien es porque se sienten mal por dentro, punto.

Como digo, que tú seas un desgraciado, que de niño tus padres te desatendieran de forma grave y que por tanto al llegar a la adolescencia tuvieras que recurrir a la botella o a la rayita para sentir un mínimo de comunión humana, todo eso no es lo que me resulta indignante. Todos somos frágiles, qué narices, y cada uno lo lleva como puede.

Lo que me indigna es que tú te creas que usar esas cosas te haga especial y diferente, más hombre, más mujer, un tío "guay", una tía "molona". Lo indignante es que te creas que los millones de jóvenes que simplemente no precisan de ningún doping para sentirse felices sean unos lerdos pusilánimes que "no saben divertirse".

Mira, (por si puedes verlo): cuesta mucho ser constructivo, y en cambio es muy fácil ser destructivo. Para que tú puedas hacer el imbécil un sábado por la noche rompiendo litronas por las calles, cientos de trabajadores fabrican botellas de vidrio, cientos de operarios envasan cerveza, cientos de limpiadores recogen tus desperdicios y friegan tus vómitos al día siguiente.

No, no eres guay, tío. Eres una desgracia humana que se siente tan débil en su interior que tiene que recurrir a esas tonterías para sentirse alguien. Repito, a mi me da igual que hagas esas cosas si eres consciente de tu debilidad. Pero en vez de avergonzarte de ello, vas y lo compartes con otros descerebrados y todos juntos -porque tú solo eres un cobarde- os burláis de ese "niñato tímido que no sabe divertirse".

Yo fui ese niñato. Y ahora que he vivido lo suficiente, y he tenido de pacientes a tipos como tú, ahora puedo decir alto y claro que quien estaba equivocado eras tú. Y que quien disfrutó de la vida y supo divertirse de verdad fui yo.

¿Eres un fanático del nudismo?

Punto uno: estás compuesto de diversos seres que habitan en tu interior. Tienes dentro un niño con viejas heridas. Tienes dentro un homínido que quiere ir con taparrabos, cazar y comer carne. Tienes dentro un agricultor que quiere cubrir sus vergüenzas con las pieles de las reses que sacrifica a sus dioses. Tienes dentro un ingeniero racional al que le da cosa mostrarse desnudo y diseña nuevos alimentos modificados. Tienes dentro un melenudo New Age que adora desnudarse, caminar descalzo y comer fruta. Tienes dentro un ser sutil que anhela unirse con la Conciencia, y para el cual la comida o el vestido son cosas completamente secundarias.

Punto dos: tú ahora te has identificado con uno sólo de estos seres que habitan en tu interior, y crees ingenuamente que los demás no existen. Bueno, sí que existen, pero -¡qué casualidad!- fuera de ti, en los demás. Es ahí donde señalas con el dedo, y hacia donde diriges tu ira y tu proselitismo, porque no puedes ver eso mismo dentro de ti. En realidad, odias en los demás esas partes de ti que no reconoces como tuyas.

Punto tres: tú te has refugiado en tu habitante favorito precisamente porque las necesidades de tus otros habitantes te producen tanta angustia que no podrías soportarlo.

Punto cuatro: los no-nudistas están identificados con un habitante diferente al tuyo, un habitante que siente vergüenza ante la desnudez. Y, al igual que tú, ignoran al resto de sus habitantes internos, y señalan con el dedo a los que se desnudan.

Punto cinco: ¿en qué coño te diferencias entonces de los no-nudistas?

Punto seis: esto ocurre no sólo con el nudismo, sino con todo lo demás. Veganismo, racionalismo, intelectualismo, budismo, cristianismo, ser esto o ser lo otro... Ahí dentro te sientes seguro, crees que tú eres sólo eso. Y lo demás, por tanto, está equivocado.

Punto siete: Los nudistas fanáticos usan la desnudez como una vestidura con la que tapan su vergüenza interna. Se ríen de la sensación de pudor de los demás, cuando en realidad son ellos los que están avergonzados profunda e inconscientemente de las legítimas necesidades del resto de sus habitantes internos.


La Conciencia, la Gran Puta y el sexo anal

Vaya tres que he reunido aquí, ¿eh?

Me dirás: ¿y qué tienen que ver entre sí la Conciencia, la Puta Madre que nos parió a tod@s y el sexo anal?

Pues más de lo que a primera vista parece. Comenzaré con el siguiente dato: la Conciencia es hija de la Madre Ctónica Primordial, la Diosa Prostituta Sagrada.

Bien, puntualicemos: la Conciencia procede de esa Madre Primordial, pero ella no es su única causa. Cada uno de los pasos de la evolución contiene una parte que efectivamente procede de su pasado, pero también otra que es un misterio que podríamos denominar emergente, y que sólo tendría una explicación plausible de existir una causa final, un punto omega hacia el que todo el cosmos se dirige. Bueno, basta de cháchara trascendente y vamos al asunto...

Fíjate en esto: cuando alguien tiene baraka y está tocado por alguna clase de gracia, por ejemplo un superdotado que saca matrículas de honor, un velocista que gana todas las carreras, uno que gana la lotería, o uno que sobrevive a un accidente, a todos esos se les llama hijos de puta. Y con razón. Son hijos de la Madre Primigenia, que otorga vida a unos privilegiados, de forma tan aleatoria como gratuita.

Pero la Madre Primigenia es ctónica precisamente porque es también devoradora de algunos de sus propios retoños, nuevamente de forma tan aleatoria como gratuita. Esa es su parte negativa: su tendencia a la estabilidad, a no evolucionar, y por tanto a no permitir que sus criaturas despeguen hacia cotas de conciencia más elevadas. Por eso se usa como el insulto máximo, en las situaciones más violentas. Equivale a decir: "¡Te deseo muerto, que te coma otra vez la Gran Puta, regresa a su seno y no me molestes más!"

La Diosa Madre  Primordial sería sólo la parte femenina de esas capas de infraconciencia que todos llevamos dentro. La parte masculina tampoco tiene desperdicio: se trata de Satán. Los rituales satánicos incluyen, cómo no, sacrificios humanos, canibalismo, y sodomización.

Ah, la sodomización... Todos los aspectos que acabo de mencionar permanecen muy vivos en nuestro interior, por suerte convenientemente reprimidos y/o suavizados. A los niños todavía les decimos: "¡Ven que voy a comerte!", y hacer el amor se identifica con comer. "¡Te comería enterit@!" Pero el sexo "normal" a veces no es suficiente. Ya sabes, la mente siempre anhela más. Sólo que como el viaje hacia abajo es más cómodo y placentero que el arduo esfuerzo de trascender, pues hala, rodamos pendiente abajo hacia el culo.

El sexo anal responde a un intento de regresar al orgiástico placer de la Diosa Primordial. ¿Se puede bajar más abajo del chakra segundo, más abajo del sexo? ¡Sí, vayamos al agujero del culo, la entrada al infierno del placer/dolor más regresivo! El pene, símbolo del conocimiento, penetra la oscuridad más primitiva, el misterio del abismo más profundo... Claro que por más sexo anal que tengas, ni llega el conocimiento, ni el misterio es desvelado...

Y por cierto, a veces acompañamos esa bajada a la gruta del averno con la que debe ser una de las frases más repetidas en los coitos humanos con la finalidad de hundir la mente en la inopia temporal: "Eres mi puta" / "Soy tu puta". Una vez más, gustamos de proyectar nuestra mente al reino más infrahumano posible, allí donde sólo hay animalidad, y por tanto, allí donde la mente con sus problemas prácticamente desaparece, permitiendo, por fin, el tan ansiado éxtasis (aunque sea sólo físico y muy cortito).

El sexo (incluido el sexo anal) es un sucedáneo físico de la búsqueda de un conocimiento que debería completarse en el alma. Millones de parejas se unen buscando desvelar (de forma inconsciente) un misterio a base gemidos. Pero en vez de resolver el misterio, nacen millones de niñas y niños... Ya lo dicen los sabios: ¡todos somos hijos de la ignorancia!

Que de todas esas acciones y sensaciones tan primitivas (pero tan divertidas de repetir pese a su probada ineficacia) haya surgido la conciencia mágica, luego la conciencia mítica, la racional, la sutil y finalmente la Conciencia con mayúscula es sin duda un verdadero milagro.

Ahora recordemos: hay un punto omega, que se encuentra arriba, y no abajo. En el futuro, y no en el pasado. Una causa final que empuja la Historia hacia lo trascendente, y la aleja de la barbarie. Y esa causa final también genera un placer máximo, el éxtasis que degustan los místicos de todas las épocas.

Entonces, de ser un hijo de Puta pasas a ser un hijo de Dios.

Pero cuidado, que las cosas no son como las imagina nuestro intelecto. No olvidemos que es sólo una parte de nuestro ser la que llega a ser un hijo de Dios. Otros pedacitos de nosotros han quedado atrapados en estadios de conciencia sutil, racional, mítica y mágica... y así hasta llegar al hijo de la Gran Puta que todos llevamos también dentro.

Soy todo ego, qué le voy a hacer...

La entrada El ego engorda en la senda espiritual ha recibido este comentario:

"¿El ego eres tú?"...Yo diría que el ego habita en ti, y desde luego que no hay por qué negarlo o evitar sentirlo...Pero...¿"El ego eres tú", Gunther? ¿En serio?"

¡Sí, en serio! A medida que he ido madurando (¡es un decir, claro!) lo que he visto es que cada vez me cuesta más ver en mí algo que no sea ego. Para mí, ego es igual a persona, o mente, o qué sé yo cómo definirlo... Sé que para la mayoría de buscadores, el ego sería la parte "mala" de mi Ser, y por tanto ese ego debería trascenderlo, o incluso eliminarlo, como pretendieron algunos místicos medievales brutotes.

Tal y como yo lo percibo, todo lo que experimento es ego, desde el odio más intenso hasta la vivencia espiritual más sublime. Y yo me entrego a mi ego, compuesto de muchas voces, muchos personajes, a los que ya no califico como malos o buenos. 

Por supuesto, algunas de esas voces no me gustan, y sufro las consecuencias -a veces nefastas- que proceden de su expresión. 

Siento que todo yo soy ego, y nada más que ego. Sobre lo que podría existir fuera del ego no puedo hablar, porque está más allá de toda palabra. 

Hay algo más allá del ego, es cierto, pero es imposible alcanzarlo con un esfuerzo del ego. Así que, ¿qué otra cosa podría hacer yo, excepto seguir siendo el ego que soy?

Si crees que hay algo en ti que no es ego, lo convertirás en tu dios. Tarde o temprano te darás cuenta de que ese refugio es sólo eso, un pedacito más de tu ego que por ignorancia habías convertido en no-ego.

Es normal hacer eso en ciertas etapas del llamado camino espiritual. 

¿Pero qué ocurre cuando te das cuenta de que cualquier cosa que hallas en tu interior no te sirve como refugio?

Lo espiritual sigue siendo ego. Más refinado o sutil si quieres, pero ego. ¡Y de lo que está más allá del ego no sabría qué decir!

El ego engorda en la senda espiritual

Es verdad que el ego parece hacerse más ligero a medida que uno madura, pero eso que madura es "la parte de tu ser que madura", un yo diminuto que, mira por donde, le da por madurar, oye.

Las otras de partes de tu ser, esos otros habitantes de tu alma, siguen ahí tan palurdos como siempre. Lo que pasa, y aquí es donde yo quiero llegar, es que por lo general ponemos mucho cuidado en no expresar esas partes poco agraciadas de nosotros mismos, mientras procuramos hacer bien visible ese pequeño yoíto espiritual tan mono.

Todos estamos MUY dañados, hasta niveles que simplemente nos negamos a reconocer. Que tú te hayas pasado treinta años procurando disimular eso mediante técnicas de meditación, o lo que sea que hagas para ser muy espiritual, no es más que una tapadera. En pocas palabras: tu ego es enorme.

Alice Miller decía que la rabia no se va evitándola, sino atravesándola. De una forma parecida, yo creo que no es bueno evitar a tu ego, someterlo a esas disciplinas espirituales, a esos trucos mentales y esas astucias emocionales creadas para proporcionarnos la sensación de que somos unos buenos chicos. Todo eso no es más que un descarado auto-engaño.

Pero no os confundáis: no estoy recomendando la expresión continua de tus berrinches, al estilo New Age, algo que equivaldría a eructar continuamente bajo el pretexto: "mejor fuera que dentro". Algunos adeptos acuarianos están "expresando su sentir" de una forma tan exagerada e infantil que son un continuo y maloliente eructo.

Lo que digo es que te atrevas a mirar de qué narices estás compuesto. ¿Crees de verdad que eres vegano? Atrévete a aceptar que una parte de ti disfruta persiguiendo y cazando animales, abrigándose con sus pieles y consumiendo su carne. No importa cuán profundamente hayas enterrado esto, ni en qué grado te hayas identificado con esa parte amable y sensible de tu ser que no tolera el sufrimiento animal.

Inversamente, ¿crees de verdad que eres carnívoro? Entonces tú todavía no has descubierto a ese ser sutil que vive dentro de ti, y que puede Amar incluso a los insectos que mordisquean tu piel.

Tu ego, con sus heridas, sus habitantes groseros y burdos, su niño interior herido, y sus capacidades racionales y espirituales, es una formidable estructura, algo tan enorme y tan poderoso que lo evitamos.

En realidad no queremos ser nosotros mismos, nos damos miedo. Tenemos miedo a ser lo que somos. Nos parece "poco" en términos espirituales, y "demasiado" en términos de basura emocional. Nos han lavado el cerebro todos esos gurús, haciéndonos creer que la humildad es disminución, y el amor compasión pueril.

Sin embargo, lo cierto es que sólo permitiendo que tu ego sea tan grande y explosivo como tenga que ser, sólo entonces (si tienes esa suerte y esa capacidad), vas a poder identificarte con algo que lo trascienda.

Vale, también puedes sentarte en loto veinte años, hacerte célibe, restringir tu relación con el mundo, y de esta forma creerte muy santo y puro. ¿Habrás disminuido así tu ego? No, tan sólo lo habrás evitado. Algunas personas, entre ellos muchísimos místicos, han efectuado auténticas barbaridades con tal de que sus egos no se expresaran.

Conozco unas cuantas personas que actúan así, y sé positivamente que si emergiera su daño interno, se suicidarían. Algunos de los encuentros que más me han impactado en mi vida los he tenido con practicantes y con gurús que eran auténticos muertos en vida. Sacrificaron su vida entera y adoptaron un papel, una manera de ser nueva y artificial que les evitaba acceder a un material que les hubiera inducido al suicidio. ¡Y tenían centenares de seguidores! (Es de suponer que también estaban a medio morir...)

No siempre es aconsejable tratar de ver toda la oscuridad que albergas, si no te sientes preparado para ello. Si es así, adquiere esa personalidad secundaria, y cúbrete con ella.

¿Se puede escoger pareja desde la no-necesidad?

¿Qué ocurre cuando desaparece todo
lo que esta imagen sugiere a nuestra mente?
Una lectora me ha planteado la siguiente cuestión:

"Si eliges a tu pareja desde la no-necesidad, la elección sería entonces espontánea, y no por conveniencia. ¿Cómo lo ves tú, Gunther?"

Pues sí, sería espontánea, y no por conveniencia. 

Pero hay un pequeño problema (bueno, en realidad es un problema de los gordos): ¿qué es la no-necesidad?

En el tema del amor de pareja distingo tres tipos de necesidades: las del cuerpo, las del alma, y las de todo lo que hay en medio del cuerpo y del alma, a saber, necesidad de sentirse protegido y comprendido emocionalmente, necesidad de confrontar las heridas de la infancia, necesidad de compartir logros y autoestima, y un largo etc.

Las necesidades del cuerpo y del alma son muy simples e inmediatas. No dependen del pasado, ni esperan nada del futuro. Si encuentras un cuerpo y hay química, podría haber sexo. Y si encuentras resonancia con un alma, podría ocurrir una experiencia tántrica. Y eso sería todo. No hay conflicto en las cosas del cuerpo y del alma.

El conflicto está en las otras necesidades, las de la mente, el ego, o como se lo quiera llamar. 

¿Pueden desaparecer esas necesidades? Si os he de contar mi experiencia, os la repito (aunque ya la he explicado en otros artículos): en mi caso, esas necesidades nacen y se resuelven en unos pocos minutos, en una experiencia de una intensidad demoledora. 

Si conozco una mujer que despierta en mí necesidades emocionales, se crea en seguida toda la estructura: enamoramiento-amor inicial-amor de pareja estable-primeros desengaños-segundos desengaños-ruptura, y esa estructura se desmorona completamente en unos minutos, o quizás unas horas... 

Esto me ocurre desde hace cinco o seis años, y he esperado ese tiempo antes de hacerlo público. Procuro ser cauteloso con las experiencias de ese calibre. Me cercioro de que son reales, no trampas emocionales. Porque de trampas emocionales las hay de todos los colores y de todas las sutilezas.

No se trata de imaginación. No es un delirio, No es una huida del tipo: "Como todo esto ya lo he pasado con otras mujeres, ya me imagino cómo terminará, por tanto lo vivo interiormente y listo, así no sufro". No, nada de eso.

Sencillamente, la experiencia del amor de pareja me atraviesa completamente, a mi pesar y en contra de mi voluntad.

Esto me ocurre también con todo lo demás. No puedo construir nada, en ningún área de mi vida. Mi vida es una caída libre continua. No sé cómo explicarlo. Sin duda alguna, si esto es liberación (¡y de verdad que lo es!), también es una broma pesada del destino. ¡Yo ni buscaba ni esperaba algo así!

Yo no podría llamarlo no-necesidad, porque no estoy curado de nada. Pero en vez de iniciarse un proceso típico y dentro del tiempo, lo que comienza es ese proceso transpersonal que parece estar fuera del tiempo, fuera de la vida cotidiana, incluso fuera de lo emocional convencional: las lágrimas que genera no son de este mundo. 

Son lágrimas que nacen del terror de vivenciar la muerte del amor y a la vez (¡sí, a la vez!) son lágrimas que nacen del éxtasis de vivenciar el nacimiento del Amor, con mayúscula.

Y luego todo se va, y vuelve el idiota de siempre.

¿Cómo va un idiota así a escoger ni pareja ni nada, ni desde la necesidad ni desde la no-necesidad? Todo se rompió en mi, no tengo nada que ofrecer, ni nada a lo que asirme. 

Ah, y una cosita más: no tengo ni idea de cómo lograr algo así, porque yo nunca lo busqué. Lo único que sé es que esa clase de Libertad del Amor sólo sobreviene cuando el amor de pareja convencional ha muerto de forma completa e irreversible. 

Por qué me gusta Ken Wilber

[Nota previa: hablaré aquí de lo que siento al leer sus libros, no de la persona de Ken, a quien no conozco personalmente]

Para mí, Wilber es el Gran Ordenador (de poner orden) del Kosmos. Ha conseguido la hazaña intelectual sin precedentes de colocar todas las cosas, eventos, ideas, creencias y culturas del planeta y de la Historia en el lugar que les corresponden.

Ken también ha experimentado en sí mismo los reinos trascendentes de los que habla tanto y tan bien en sus obras. Esto le otorga una autoridad mucho más natural y potente, ya que no es un mero teórico, como suelen catalogarle sus detractores. Simplemente, sabe de lo que habla.

Y hablando de sus detractores, digámoslo claro: lo son sobre todo porque les fastidia sobremanera que su particular parcelita de creencias ya no se pueda encumbrar como si fuera una totalidad. De repente, su "gran" sistema de dogmas es reducido a una mera pieza en el gran puzzle kósmico. Esto, en vez de alegrarles, les molesta.

Sólo puede comprenderse el trabajo de Wilber desde la humildad. Sólo cuando entiendes que cada puñetera cosa en tu vida y en la Historia forma parte de algo más grande, y ésto a su vez vuelve a formar parte de algo todavía más grande, y así sucesivamente, sólo entonces captas el verdadero alcance y la auténtica profundidad de lo que ha descubierto Wilber.

No sé si Ken es consciente del alivio que ha proporcionado a una parte de la humanidad, un porcentaje de personas que aumenta cada día ingresando en el estadio integral de conciencia. Muchas personas sienten que su vida tiene, por fin, un sentido y un propósito, y se dan cuenta de que sus pequeñas historias personales están profundamente conectadas con el devenir de la gran Historia colectiva.

Desde esta perspectiva integral se comprende también y de forma cabal la violencia del ser humano, y ya no se la vuelve a considerar la guerra como una solución a los conflictos del planeta. Por ello, si hay alguien que merece un premio Nobel de la Paz es Ken, pero me temo que este galardón procede de un estadio de conciencia de primer grado, y difícilmente llegará a tipos como Wilber.

El trabajo de Ken está décadas, siglos y puede que milenios por delante de la comprensión de ciertos sectores de la población humana. Como tantos otros maestros espirituales del pasado, se ha avanzado a su época.

Tenemos que agradecer a Ken, igualmente, por colocar al intelecto en el lugar que le corresponde, un lugar mucho más importante de lo que piensan los adeptos acuarianos. Por expresarlo claramente y sin rodeos: muchos seguidores de la New Age simplemente carecen de la capacidad intelectual suficiente. Entonces, como no alcanzan a comprender los conceptos integrales de segundo grado, se dedican a denigrar al intelecto, diciendo que hay que "trascenderlo". Lo cual es una de las muchas trampas de la era de acuario.

Ken Wilber ha puesto sobre la mesa de una forma rotunda todas esas trampas en las que los humanos caemos con tal de justificar nuestra cómoda posición en nuestro particular tablero de la vida. Pero Ken ha sacudido todo, y ha vuelto a colocar todas las piezas en un lugar mucho más justo y orgánico.



13 de mayo de 2016

Mi respuesta a la carta de una psiquiatra acerca de "50 sombras de Grey"













Estimada psiquiatra:

He leído su carta, [puedes leerla aquí] y estoy de acuerdo con ella al 50%.
Está claro que 50 sombras de Grey es un lamentable ejercicio de superficialidad, violencia y enfermedad mental, disfrazado de relato positivista, guay y moderno.

Como padre de dos niñas me horroriza la idea de que un engendro así pudiera convertirse en modelo de conducta.

Ahora bien, yo le planteo, señora psiquiatra, el otro 50% en estos 8 puntos:

1- Es dudoso que una conducta de unos actores se convierta en modelo para los jóvenes, excepto para aquellos jóvenes que ya son como lo que reflejan esos actores. Que una joven se sienta atraída por este tipo de cosas, por ejemplo, sólo prueba que algo ha fallado en la educación que le han dado sus padres.

2 - Como usted sabrá, hay un poderoso mecanismo mental que se llama proyección. Me temo que usted está proyectando en la película todo aquello que los padres de sus pacientes no han sabido gestionar. Usted misma afirma que la conducta exhibida tanto en la película como en sus pacientes constituye una patología emocional. Bien, ¿cómo puede culpar a la película de promover una conducta patológica en personas sanas? Nadie en su sano juicio va a considerar esta película como un modelo a seguir. Y los enfermos simplemente resonarán con ella, como es lógico.

3- Como usted seguramente sabrá, la sexualidad es un tema difícil. La mitad de los psiquiatras, de los médicos, de los psicólogos, de los ejecutivos, de los directores de bancos y de la población en general hace cosas en su intimidad que harían palidecer al señor Grey.

4- Y seguro que usted sabe de sobras que en ocasiones, cuanto más fuertes son las voces en pro de una "conducta sana", tanta más basura se esconde. Ya estamos hartos de toda esa gente que predica la virtud y luego son pillados haciendo cosas mucho peores que las que condenan con tanto fervor. No le preguntaré a usted sobre su intimidad sexual, porque nunca sabremos lo que usted esconde detrás de la proclama de "salud emocional" y "comportamiento sexual adecuado".

5- Por si todavía no lo sabe, muchos psiquiatras y muchos psicólogos están bastante peor que los pacientes que ellos tratan. Yo espero de buena fe que no sea su caso, pero por favor, ustedes son sólo personas, no dioses que pontifican sobre lo que está bien y lo que está mal.

6- Por lo general, la psiquiatría está cometiendo errores descomunales en la diagnosis y en el tratamiento de patologías emocionales. Hay sobre-medicación, invención de enfermedades inexistentes, tratamientos con drogas para niños que no las necesitan en absoluto y un largo etcétera que está convirtiendo a la población occidental en adictos a antidepresivos, ansiolíticos y pastillas para la felicidad en general.

7- Ustedes los psiquiatras son los directos responsables de la muerte de muchas personas y de la difusión de causas falsas de esas muertes. La mayoría de suicidios por amor no se debe a la ruptura de la pareja, sino al efecto rebote de los antidepresivos. La mayoría de ataques violentos a familiares se da en pacientes que están tomando alguna clase de droga que "pacifica la conducta", y que sufren un efecto rebote. La mayoría de niños con conductas agresivas están sobre-medicalizados, y por el efecto rebote a veces estallan. Ustedes sólo tapan síntomas.

8- Los psiquiatras suelen exhibir una ausencia total de conocimientos sobre simbología. Cualquier relato que afecta a las masas no se debe sólo a que "las masas, pobrecitas, están enfermas emocionalmente" sino a que toca resortes muy profundos del subconsciente. Hay que visionar esas películas como lo que son: un cuento dirigido a lo más primitivo y lo más oscuro de nuestras almas. Desde ese punto de vista, ir a ver 50 sombras es terapia, no contaminación. Vas y tus patologías se airean. Y eso es todo. No saldrás por ahí a atar vírgenes a su cama, de la misma forma que sales de ver una peli de guerra y no vas por ahí a matar gente.

A no ser, señora psiquiatra, que ya estés enfermo y seas paciente de un psiquiatra.

Siddhis o poderes espirituales. Un apunte sobre sus causas




Es una tarea fascinante indagar qué o quién mueve nuestro organismo. Cuando somos bebés recién nacidos, las acciones de nuestros cuerpos son dictadas por el instinto animal. Lo cual ya es un misterio.

Ahora bien, cuando el bebé tiene dos años, se observa que ya no es sólo un animal, sino que además es "alguien". Una entidad completamente nueva ha colonizado a ese ser vivo, una entidad que además presenta, a su vez, un desarrollo progresivo"

Debido a ese desarrollo, cuando el niño cumple 9 años es ya otro. Y así hasta llegar a la vida adulta. E incluso en este punto, en algunos individuos la conciencia sigue avanzando hasta alcanzar una profundidad y lucidez extraordinarias

¿De qué manera todo eso se hace posible? Nadie lo sabe, pero da la impresión de que la conciencia afecta primero de una manera burda a los sistemas corporales más grandes. Contemplar los primeros movimientos "no-instintivos" de un bebé es algo que impresiona. ¡De repente, hay dos entidades! Los ojos se mueven de forma mecánica o instintiva ante un estímulo visual, por ejemplo, pero un buen día comienzan a moverse según otro patrón, el de "alguien" que ha iniciado una nueva vida en ese cuerpecito. ¿Quién es ese alguien que antes no existía (o no se manifestaba) y ahora sí?

Esas dos entidades, cuerpo y mente, inician un viaje que durará toda la vida física, y protagonizarán una lucha épica por satisfacer sus particulares demandas. Porque la mente, ése es el problema, comienza a sufrir en cuanto descubre que es finita y mortal, y en consecuencia impone al cuerpo que habita toda una serie de costumbres que chocan frontalmente con la fisiología corporal.

Mi idea es que la conciencia es vivida por el cuerpo como una colonización. Y que en consecuencia el cuerpo pasará toda su vida intentando liberarse de esa entidad extraña, sin conseguirlo. En este artículo intentaré explicar de qué forma sucede esto.

Volvamos al bebé. Su cuerpo se mueve dictado por la biología, pero en un momento dado sus brazos dejan de actuar debido a impulsos biológicos y se dirigen hacia un objeto del que ha tomado conciencia. Entonces todo su cuerpo es "obligado", por así decirlo, a dirigirse hacia ese objeto: enfoque de ojos, acción de músculos de brazos y piernas, agudización de los sentidos, etc, todo porque ha aparecido un interés nuevo por parte de alguien nuevo, alguien que impone al cuerpo un movimiento que ya no es producto del instinto.

Podemos decir que en los bebés todavía vence el cuerpo. Los intentos de la incipiente conciencia por usar ese organismo son superados por las demandas fisiológicas, como el sueño, el hambre, o la evacuación. Pero a medida que el niño crece, su animalidad disminuye en la misma medida en la que se desarrolla su conciencia, y así llegamos a la precaria situación de los adultos.

El organismo adulto se encuentra permanentemente colapsado por las demandas mentales/emocionales. Es muy posible que en las 24 horas del día no se produzca ninguna acción biológica que no esté más o menos alterada por las emociones o los pensamientos, con la posible excepción del período de sueño profundo.

Da la impresión de que la conciencia afecta cada vez a sistemas biológicos más pequeños. Si en el bebé la conciencia sólo puede afectar -y de forma burda- a los grandes sistemas corporales, como el sistema músculo-esquelético, en los adultos ha invadido el cuerpo a nivel celular o incluso molecular. La conciencia suplanta y altera rutas metabólicas completas, en muchos tejidos. Los ejemplos más obvios los encontramos en la modificación de la motilidad gástrica o el vertido de jugos gástricos en virtud del estado emocional. O la capacidad de provocar la excitación sexual sin el desencadenante hormonal, sólo en función de pensamientos o recuerdos.

¿Podría ser que en personas más avanzadas, la conciencia pudiera alterar átomos, o incluso partículas subatómicas? Esto explicaría los llamados siddhis, o poderes espirituales, u otra clase de fenómenos, tales como la presencia de halos luminosos en la cabeza de algunos místicos, o la incorruptibilidad de algunos cuerpos una vez muertos.

Una conciencia tan sutilizada que puede alterar átomos o partículas, ¿es posible que sea la responsable de la levitación, por ejemplo? Si todas las funciones corporales pueden ser modificadas (pulsaciones cardíacas, motilidad gástrica, excitación sexual, inducción del sueño, etc), ¿no podría ser que algunas personas dieran, de forma más o menos casual, con una modificación del campo magnético de su organismo? Una modificación tan drástica que sería capaz de contrarrestar la acción de la gravedad. De hecho, los monjes que han levitado hablan de fuertes dolores de cabeza, algo que también ocurre ante la exposición a un potente campo magnético.

Tenemos también el tummo, la capacidad de elevar la temperatura corporal muy por encima de lo normal. Quizás sólo sea posible si el practicante accede al mecanismo que regula el calor corporal. Si todo esto es así, entonces es fácil deducir que en un futuro estos poderes serán habituales. Hay que tener en cuenta que el simple hablar un idioma o construir una nave espacial son logros que serían considerados como poderes sobrenaturales por una tribu de hace 20.000 años, para los que sus máximos avances eran los sonidos guturales y las lanzas de madera.

Pero esa forma que la conciencia tiene de avanzar, invadiendo estructuras cada vez más sutiles del organismo tiene dos caras. Una de ellas la constituye esas nuevas capacidades que hemos visto. La otra es la enfermedad. Si en la infancia y en los albores de la humanidad la conciencia modifica el instinto de forma burda, entonces las enfermedades son también mínimas. Ante una invasión pequeña, el daño es también pequeño (y las capacidades son también escasas). Pero si con el transcurso del tiempo la conciencia se adentra más y más en los tejidos, es de esperar un cuadro de enfermedades progresivamente más diverso e invasivo, y así parece ser que ocurre en la vida de los humanos, y a lo largo de la Historia.

Tengamos en cuenta que el organismo gasta energía de forma constante en expulsar todo aquello que no se corresponde con su fisiología. Drogas, café, azúcar, alcohol, tabaco, carne, alimentos cocinados, aire contaminado, radiaciones, todo eso son tóxicos que el cuerpo trata de sacar de su sistema. Y la conciencia es percibida por el cuerpo, me temo, como una droga extremadamente sutil que circula día y noche por sus venas. Altera todo aquello que toca, en niveles cada vez más profundos. Tal y como explico en mi libro El camino sin nombre, el cuerpo intenta desembarazarse de ese colonizador que modifica el funcionamiento biológico cada segundo de nuestras vidas.

Es cierto que en una parte del viaje espiritual, la contracción que el ego ejerce sobre el cuerpo se relaja, y esto es sin duda beneficioso para el organismo. Pero no debemos olvidar que la conciencia sigue ejerciendo su acción, y de forma cada vez más sutil. Puede que en algunos momentos nos libere la respiración, por ejemplo, pero en otros nos haga pasar por experiencias de disolución que son interpretadas como una muerte física. ¡Dudo que esto sea benéfico para el cuerpo!

Siempre que observo a un meditador sentado dos horas seguidas me pregunto si su cuerpo desea estar quieto todo ese tiempo. El cuerpo tiene su propio ritmo de movimiento y descanso, que siempre es alterado por las demandas de la conciencia. Una mente primitiva lo incita a ir de caza, una mente mítica lo obliga a arar la tierra desde el amanecer hasta el mediodía. Una mente racional lo sienta seis horas delante de una pantalla, y una mente Nueva Era lo hace contorsionarse en las sesiones de yoga. ¿Pero alguien le había preguntado antes si quería hacer algo de todo eso?

Lo cierto es que ya no podemos saber lo que necesita nuestro cuerpo, pues nuestra identificación con nuestra mente es completa. Hemos sido expulsados del Edén, ya no somos animales guiados por el instinto. Es por eso que afirmo que la conciencia es una entidad que medra a expensas del cuerpo. Creo que esa reflexión es importante para entender que nuestra personalidad constituye una amalgama de necesidades que provienen de varios niveles. Dentro de nosotros hay diversos habitantes, desde el animal hasta el sabio, y cada uno de esos habitantes pide su propio alimento. Y muchas veces lo que alimenta a uno daña al otro. Ser plenamente consciente de esto permite aceptar mejor los conflictos que vemos en nuestra alma. ¡Y también que la enfermedad es inevitable!

El cuerpo humano ha sido escogido como el crisol donde se está ejecutando una obra alquímica portentosa, y todo crisol acusa las cicatrices del proceso. Ojalá nuestro organismo pueda soportar la carga y no desfallezca hasta que la obra haya concluido.

Ken Wilber: Internet y el peligro del relativismo pluralista




Internet: cerebro global, mente en potencia, entrevista a Ken Wilber

Entrevista y traducción: Gaspar Segafredo

GS: En Breve historia de todas las cosas dijo que internet podía ayudar a desarrollar una conciencia global, pero sólo si se usa con ese objetivo. Hoy, una década después, ¿qué diría de la red?

KW: La idea es que la red en sí misma es un artefacto, porque es una producción humana, que no tiene conciencia ni voluntad propia. Y, a pesar de que este artefacto extremadamente complejo haya sido creado por niveles cognitivos pluralistas e integrales, puede ser utilizado por individuos que se encuentran en cualquier estadio de crecimiento (egocéntrico, etnocéntrico, mundicéntrico, etc.)

–¿Eso qué significaría?

–Lo que se creó con la red es un cerebro global, no una mente global; hay una forma exterior que posibilita la conexión entre individuos de todo el mundo. Por lo tanto, se intensifica la interconexión de personas en cada nivel de conciencia. Hay buenas y malas noticias. Por un lado, está el ejemplo de ciertos grupos etnocéntricos que en Estados Unidos ya estaban en su ocaso como el Ku Klux Klan, pero con Internet volvieron a reunirse. Ahora el KKK, los nazis estadounidenses, está nuevamente en pie. También los neonazis, los skinheads, regresaron y están creciendo. Es que la red no construye ni orienta una conciencia global, simplemente permite que cualquier postura se refuerce por el encuentro entre pares

–Al mismo tiempo, se potencia la cosmovisión mundicéntrica cuando entreteje relaciones entre personas con esta perspectiva

–Obviamente es positivo en ese sentido: permitió que se encontraran individuos en estadios integrales e incrementaran su influencia. Puede decirse que, en general, ha tenido un balance un poco más positivo que negativo; en cuanto a un leve impulso por mayor conciencia. Pero es muy leve y a veces los negativos igualan o exceden los positivos

–¿Qué otro ejemplo tiene para sostener esta visión tan crítica de internet?

–Voy a intentar ser descriptivo, y evitar ciertos juicios personales. Hay una cuestión que Jürgen Habermas subrayó al respecto. Internet le quita valor a la buena autoridad, legítima y merecida; e incrementa la mediocridad. Porque pone las voces mediocres en el mismo nivel que las voces con autoridad. Por ejemplo, alguien que investigó el holocausto de verdad, que enseña ese proceso histórico y realmente sabe del tema, es puesto en el mismo nivel que aquellos que niegan el holocausto. Tienen igual alcance y reconocimiento para ser citados. Muchas veces esto sucede porque los que no estudiaron realmente los temas son los que más tiempo tienen; los verdaderos estudiosos están escribiendo libros y dando clases. El problema es que internet está poblado de gente mediocre con tiempo de sobra que acapara mucho espacio hasta tener la misma o más atención que las personas que realmente saben de lo que hablan. Esto tiene que ver con el extremismo de la visión pluralista, que cae en el relativismo: todas las voces tienen el mismo peso. La otra cara es que cualquier persona puede expresarse allí, lo cual es positivo. Pero darle la misma autoridad a todas las voces implica darle a quienes están en niveles egocéntricos y etnocéntricos un peso que no se merecen; muchos de ellos incitan a la violencia. Diría entonces que internet no implica necesariamente conciencia global

¿Se puede hacer algo más que matar al ego?


Mata al niño, y nunca tendrás un adulto.

Mata al ego, y nunca te harás consciente.

El énfasis de algunos por "eliminar" al ego proviene de un entendimiento parcial de lo que constituye el verdadero crecimiento. La infancia y el ego son interpretaciones de la realidad que son adecuadas durante unos años, pero que al revelarse insuficientes se amplían y profundizan dando lugar a una visión más completa.

A nadie se le ocurriría matar a un niño para obtener a un adulto, pero en ocasiones los esfuerzos de algunos buscadores cargan en exceso contra el pobre ego, el cual suele responder con un recrudecimiento de sus defensas.

Acepta al niño, y sin darte cuenta obtendrás un adulto. Acepta al ego, con todas sus contradicciones, sus violencias, sus auto engaños, su narcisismo, su amor efímero, sus alegrías espurias, sus complejos de inferioridad y de superioridad, su constante necesidad de juzgar...

Acepta al ego, y tu ego te permitirá crecer en profundidad hacia nuevos niveles de conciencia. Ahora bien, ¿hasta qué punto esto es una paradoja? Porque aceptar, lo que se dice aceptar, no es precisamente una cualidad de tu ego. Y aquí tenemos un problema.

¿Se puede aceptar que no se puede aceptar? Cuando llegas a este punto, te vuelves un poco paranoico. Puedes caer en la mera repetición de frases que simulan que estás aceptando. Te enfadas con tipos que dicen que SÍ se puede aceptar, y te enfadas con tipos que dicen que NO se puede aceptar.

El truco, creo, está en vivir esta paradoja en toda su intensidad. Hasta que simplemente la obvias. Instalarse en elucubraciones sobre la aceptación es trasladar el asunto a la zona racional. Y no debemos olvidar que el intelecto es el único sitio donde puedes enloquecer. Y está bien que así sea: enloquece.

Esa locura, desazón o angustia de percibir que la paradoja de la aceptación no se puede resolver es lo que podría hacerte saltar al precipicio de la trascendencia real.


¿Eres hermano mayor, mediano o pequeño? Así puede influir en tu destino

Interlocutor: La relación con mis hijos se está deteriorando. Siento emociones que creía ajenas a mí, y que considero propias más bien de un niño de corta edad. Siento celos, contesto de forma violenta, murmuro evasivas sin sentido o bien me encierro en mi habitación malhumorado.

Gunther: Tener hijos actualiza todo el material que quedó por resolver en tu propia infancia. En tus conflictos interviene además el importante factor del lugar que ocupaste durante tantos años. Puesto que este material procede de casos reales pero no nos encontramos en una consulta, podremos tratar las tres posibilidades en la misma conversación, con lo que obtendremos una visión de conjunto eficaz. 


Comencemos suponiendo que fuiste el hermano mayor.

I: Fui obligado a cuidar de mis hermanos pequeños. Creo que asumí mi papel de forma tan perfecta que no me di cuenta de lo injusto que era eso hasta que cumplí los treinta años.

G: Las obligaciones que los padres imponen a sus hijos pasan a formar parte del psiquismo y de la volición del niño, sobre todo en la etapa que ve desde los siete a los once años, en la que se acepta con total sumisión cualquier clase de sufrimiento mientras proceda de la figura materna o paterna. Esas obligaciones se interiorizan y uno llega a creer que son suyas. 

Hasta no hace muchos años, al hijo mayor se le revestía de una autoridad y unas capacidades que estaban muy por encima de su desarrollo psíquico. Esto causa ansiedad en el niño, y le transforma en un futuro neurótico perfeccionista.

Al hijo mayor se le valora por cuidar de sus hermanos, se le convierte en un pequeño adulto, es decir, en realidad se le está robando la infancia. Mientras contempla cómo los padres ríen las gracias de sus hermanos, a él se le niega cualquier salida de tono. Es posible que debido a eso, cuando sea adulto le cueste soltarse, ser espontáneo. Puede desarrollar una timidez excesiva, o por el contrario compensarla con una falsa seguridad en sí mismo. No le permitieron mostrarse inseguro de niño, por lo que careció de oportunidades para afianzarse lentamente, al ritmo natural. Simplemente no podía equivocarse, y un niño necesita equivocarse miles de veces para crecer de forma sana. Además, necesita que esas equivocaciones no le sean tenidas en cuenta. Al hijo mayor, cada fallo le supone una reprimenda mayor que a los hermanos menores, por lo que desarrollará una ansiedad básica para el resto de su vida.

I: Sí, entonces noto que mis hijos me despiertan esa ansiedad.

G: Porque tus hijos vuelven a representar el papel de hermanos menores. Una parte importante de ti nunca creció, y bajo esa apariencia de adulto sigues siendo un niño de cuatro, seis u ocho años que pide todavía atención genuina, atención como niño, no como el hombrecito que te obligaron a ser. Entonces, te relacionas con el mundo y especialmente con tus hijos como "el hermano mayor", y sufres lógicamente los mismos efectos.

I: Siento que a veces el peso de una excesiva responsabilidad, es algo agobiante.

G: Nadie con siete años puede hacerse cargo de otros. Por fuerza has de regresar a lo que sentiste en ese entonces, lo que había antes de desarrollar la ansiedad y el resto de síntomas. Esos síntomas fueron imprescindibles entonces, te permitieron sobrevivir. Enterraste tu inmenso dolor bajo la diligente obediencia, el perfeccionismo, el cumplimiento del deber, la anulación de tus necesidades, el ser atento y amable de forma continua, etc.

La irritación que tus hijos desencadenan es sólo el primer paso. Lo único que puedes hacer es permitir que esa irritación sea la puerta al dolor original. Enciérrate si puedes y llora no el síntoma sino el dolor que causa ese síntoma. Llora el abandono, la soledad, la falta de atención y afecto genuinos. Cada una de esas lágrimas contiene más valor curativo que cualquier explicación racional.


Ahora supongamos que fuiste el hijo mediano.

I: Sí, yo nací y ya había un niño que me observaba enfadado por haber sido destronado. Y después de poco tiempo, cuando todavía era un bebé, apareció además mi hermano pequeño. Siempre sentí una especie de admiración hacia mi hermano mayor, aunque también envidiaba secretamente su estatus de "hijo preferido". Mis padres parecían confiar en él más que en mí.

G: El hermano mediano crece en medio de dos fuerzas. Los padres están enfocados en el primer hijo, su atención hacia él está deformada por el simple hecho de que es el primero y carecen de experiencia. Con el mayor todo es más dramático, lo bueno y lo malo adquiere dimensiones terribles. Con el mediano aparece una calma que sin duda es beneficiosa, pero quizás lo sea sólo para los padres. Él sólo comprueba cómo la energía de papá y mamá se desvía siempre hacia el hermano mayor y hacia el bebé que acaba de llegar. De ahí nace la sensación de no ser nadie.

La reacción a esa clase de abandono es variada. Puede aparecer un impulso de emular al hermano mayor, con la finalidad de robarle algo de la atención que recibe. Puede aparecer el impulso contrario de ser completamente opuesto, con la misma finalidad.

I: La clásica polaridad de los hermanos.

G: Cada hermano suele apropiarse de algunas cualidades que los padres valoran. Es una guerra de cualidades. Si mi hermano recibe energía porque canta canciones, yo puedo hacer dos cosas. O bien procuro cantar mejor que él, o desarrollo algo por completo diferente, mejor todavía si es opuesto. De esta forma recibo energía de mis padres y además me aseguro de que mi hermano no va a robarme eso, porque a él no le interesa lo opuesto al canto.

De esta forma los hermanos se polarizan cada vez más, algo que en muchos casos es impuesto por esa lucha por la energía, pues comparten genes y educación muy similares y en consecuencia podrían desarrollar cualidades similares.

Así que tenemos que el mediano puede convertirse en un arribista, tratando de superar siempre al mayor, o bien en ser el chico descuidado, que debido a su sentimiento de abandono busca refugio en los amigos, en los estudios, o directamente desobedece a los padres. También suele desempeñar el rol de provocar risas en la familia, pues sobre él no hay tanto "peso" emocional, y se le permiten las salidas de tono y la experimentación creativa.

Ante sus propios hijos, el mediano puede también sentirse invadido, o superado. Se sentirá dejado de lado, observando a su esposa ocupándose de los pequeños, tal y como hacía su madre con sus hermanos.

Supongamos ahora que fuiste el hermano pequeño.

I: Durante muchos años fui el bebé de toda la familia. Recibí atención por parte de todos, pero pronto esa atención perdió intensidad.

G: Los padres terminan agotados. Un tercer o un cuarto hijo supone un gasto energético impresionante, así que tarde o temprano el pequeño también es desatendido. Es cierto que los padres ya apenas sienten ansiedad, ya saben lo que es criar hijos, esa experiencia ahorra mucha energía y genera una calma que siempre es beneficiosa. Lamentablemente, para cuando el hijo menor cumple cuatro o cinco años, pueden llevar ya diez o quince años criando niños, quizás tengan más de 40 años, y sencillamente no pueden más.

Los padres comienzan a resentirse de no disponer de tiempo ni energía para ellos, se sienten atrapados en una rutina diaria donde siempre dan pero apenas reciben, y es el último hijo en llegar el que sufre las consecuencias. Si un golpe sin importancia en la rodilla del mayor implicaba lamentos, hospital y terrible sensación de culpa por parte de los padres, el mismo golpe en el pequeño apenas significa un vistazo rápido. El hecho es que al pequeño se le envían dos mensajes opuestos. Por un lado que es el bebé de la familia hasta que cumple cinco o seis años (el mayor a esa edad era ya todo un hombre), pero a los doce se le exige ser un adulto responsable, pues los padres ya no pueden atenderle con la dedicación necesaria.

I: Recuerdo eso perfectamente. Mi hermano mayor tuvo su primera bicicleta a los seis años, yo a los tres. A él no le dejaron ir en moto hasta los 18, yo iba desde los 14. Pero a él le pagaron los estudios hasta los 24, yo en cambio tuve que ponerme a trabajar a los 17. Tuve un gran desengaño, era como si yo no importara, como si mis hermanos mayores se llevaran toda la atención.

G: La reacción a eso podría consistir en refugiarse en lo social. El trabajo, por ejemplo, puede ser un sucedáneo de la familia. El hijo menor busca en los amigos lo que no recibió de los hermanos y de los padres. La polarización es aquí más difícil, pues el mayor se ha llevado una porción del pastel y el mediano la otra. El pequeño aprende a vivir con las migas que quedan.

Cuando tiene sus propios hijos, puede sentir el impulso de socializarlos demasiado temprano, o de exigirles un rendimiento por encima de lo normal.

Las reacciones al abandono en esas tres opciones pueden ser diferentes a las mencionadas aquí. Se han especificado algunas de las muchísimas posibilidades, sólo con la intención de comprender cómo la desatención genera la búsqueda de sucedáneos y síntomas muy difíciles de cambiar y que causan un sufrimiento que se actualiza con los propios hijos.

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I: En cualquiera de los tres casos, ¿qué puede hacerse para no transmitir a los hijos las inevitables heridas que se arrastran de la propia infancia?

G: El trabajo consta de dos facetas, que conviene practicar de forma simultánea, cada una de ella de dos formas distintas. Por un lado, tratar de sanar las heridas del pasado, un trabajo arduo y que es para toda la vida. Se ha de estar dispuesto a llorar durante veinte, treinta o cuarenta años las lágrimas que fueron reprimidas en la infancia. Y luego, aceptar que esa curación no será completa nunca. 

La otra faceta consiste, no en regresar hacia el pasado, sino en avanzar hacia adelante, hacia niveles de conciencia superiores, que nos permitan des-identificarnos de la mente y de su continuo diálogo interno, del ego y su constante lamento emocional. Y aquí también se tendrá que aceptar que ese progreso nunca será tan completo como uno desearía, pues los estratos dañados seguirán demandando su peculiar alimento por siempre.

Para cumplir la primera tarea, no queda otro remedio que encerrarse y llorar. Ayúdate de música evocadora, de textos o de imágenes adecuadas, oscurece la habitación, y deja fuera toda tu fuerza. Debes acercarte a la debilidad, abandonar toda justificación, sólo entonces se abrirán las compuertas que están sosteniendo ríos de lágrimas. No es sencillo rendirse, decir basta a la financiación constante del ego y simplemente hundirse. Pero finalmente ocurre.

Para cumplir la segunda tarea búscate un momento o dos al día para meditar. Siéntate con la espalda recta en una silla y permanece atento a tus emociones, a tus pensamientos. Procura observarlos como si contemplaras un objeto en una vitrina. ¿Tú eres eso que contemplas? No, tú eres el que contempla, eres la conciencia de que ve con perfecta paz cómo vienen y van esos objetos llamados pensamientos y emociones. Procura hacer eso durante quince o veinte minutos, una o dos veces al día. 

No te sorprendas si en el curso de tu meditación de repente acude una emoción muy fuerte, quizás se trate de un viejo dolor que ahora puede aflorar. Bien, aprovecha y expresa ese dolor. Igualmente te sorprenderás cuando tras una crisis de llanto sentirás que ya no eres esa emoción, sino una profunda paz que sólo contempla. La imbricación de estas dos tareas es tan perfecta que podríamos considerarlas como las dos piernas que te llevarán hacia una auténtica liberación.





La mentira del no juzgar



Voy a ser muy directo. El juzgar a tu vecino no se extingue jamás. No lo digo sólo yo, lo dicen también los que lo han vivido en toda su intensidad.

Ellos dicen que el ego no se extingue, por tanto ninguna de sus características (y juzgar esla característica) desaparece nunca del todo. Eres tú el que te vas, de vez en cuando, a los reinos superiores.

Pero como no sabemos irnos, intentamos arreglar como podemos la apariencia del sitio donde nos encontramos estancados.

Es una compensación: es más fácil hacer ver que no juzgo que mejorar la calidad de mi juicio.

Si me fuerzo a no juzgar, permanezco en mi estado actual de conciencia. Es un juego en el que me muevo horizontalmente por mi forma de ser habitual. Algo así como jugar al escondite. Es laborioso y hasta puedes sudar, pero te quedas en lo que eres.

En cambio, mejorar el juicio supone largarme a otro sitio, hacia arriba. Un movimiento vertical hacia otro estado de conciencia. ¿Y qué ocurre ahí arriba? Pues que tus juicios no desaparecen, no. Pero mejoran.

Afinas más. Aciertas más. Te vuelves más objetivo, porque te desligas un poco más de ti mismo y de tu subjetividad.

Pero eso requiere habitualmente de:

- Ser consciente de tus anestesias.
- Permitir que el dolor y la rabia que acumulas (¡por eso te anestesias!) salgan fuera.
- Permitir que ese dolor y esa rabia te atraviesen, sin ceder a la tentación de las viejas anestesias.
- Soportar el vacío posterior.

Con suerte, después de estar en ese vacío unas semanas, meses o años, dependiendo de la intensidad del proceso, comienzas a ver que sigues juzgando a los demás. Pero desde una perspectiva nueva y más auténtica.

Hay más verdad en tus juicios. Y esta clase de proceso puede repetirse una y otra vez. Y los juicios vuelven a mejorar su calidad, una y otra vez.

No estoy hablando de los momentos en los que estás absorto en la Conciencia Total, el Nirvana o el Amor, llámalo como quieras. Claro que desde ahí no juzgas.

Pero no sólo estás en Dios, también estás en el mundo. Y te encuentras con ese vecino, y le juzgas.

Seguro que tu juzgar es más... divino. Pero sigues juzgando.

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5 comentarios:


Anónimo11/2/15

Que tal si todo aquello que es proclive a ser juzgado, lo es pero mediante un silencio proporcional en intensidad y profundidad a la gravedad o ligereza del hecho segun uno se lo tome?ResponderEliminar



Gunther Emde12/2/15

Depende, supongo, de tu intención. A veces el silencio lleva una carga más violenta que una respuesta hablada o incluso un insulto. El silencio también puede ser una forma de eludir la dificultad de emitir un juicio.



Anónimo12/2/15

Escoger un tomate es un juicio que carece de reactividad "Ego", es un juicio envuelto en un silencio natural por que los tomates no ponen en entredicho al Ego, por tanto el problema no son los juicios, si no el por que de la afectación, supongo que Buda seguía escogiendo tomates después de la iluminación.

Me parece mas factible y honesto trabajar sobre las razones que produce la reactividad egotista que sobre la respuesta violenta que puede ser sublimada mediante el silencio, no por dificultad de emitir un juicio, si no por que la vecina que culpa tiene de nuestro Ego.

Pero es solo una opinión.



Gunther Emde13/2/15

Buda no sólo juzgaba lo que comía, sino que también mutiló su sexualidad con el celibato. Eso para mí es un dato importante que revela que los iluminados están muy en este lado de acá, muy atados a creencias, contextos sociales y prejuicios de la época en la que vivieron. En mi opinión, alguien que puede contrariar a su cuerpo de una forma tan brutal no creo que esté exento de emitir juicios reactivos, por más dulcificados que estén por años de meditación.ResponderEliminar



Sergio13/2/15

JajajaEliminar